viernes, 4 de marzo de 2011

Educar en las afecciones



Debería existir una educación más centrada en los sentimientos.

¡Cuánto tiempo, dinero y esfuerzo se ha perdido en la aplicación del invento de la "educación para la ciudadanía"! No he visto atisbo alguno de que haya surgido brote de lo que ellos llaman “ciudadanía”.

Abogo por una educación de los sentimientos. Las carencias fundamentales que existen en la actualidad son una falta de pensamiento y conciencia sobre las CONSECUENCIAS y por lo tanto una falta de RESPONSABILIDAD (que para mí significa “no hacerse cargo de las consecuencias de tu acción” ¿Te has encontrado con much@s así?, que bien, pensé que era la única).

 La cuestión no es que la educación y las buenas maneras brillen por su ausencia sino que sólo se piensa en el aquí y el ahora, a la gente le falta la conexión con el ¿Qué pasará después? Y mucho peor, la gente muchas veces ni siquiera se cuestiona “pero, ¿Qué había antes?”. La sociedad del consumo y de lo fugaz moldea nuestro razonamiento afectivo guiándolo por la burocratización de los sentimientos, la compartimentalización y la mentalidad fast, por los pensamientos y sentimientos de usar y tirar y eso se transmite a las acciones. Lo que deriva de todo ello es que la gente no “siente” lo que ve, lo que escucha o lo que hace a/con los demás. En los colegios se enseña que la dictadura franquista fue horrible porque era un régimen donde no existían libertades y bla bla… Cuando en realidad lo que se está haciendo es transmitir pensamientos tan abstractos para esas mentalidades tan pueriles que apenan captan el SIGNIFICADO, y no me refiero a la acepción del diccionario sobre esa palabra. Las personas que no vivieron ese periodo histórico no ven que por culpa del franquismo murió gente, que hubo vidas que pudieron existir y por culpa de la mentalidad de este enanito salvaje fueron arrancadas de este mundo.

La gente no piensa en las consecuencias, no piensa en lo que vendrá después de sus acciones y en cómo repercutirá en su entorno y en las personas que les rodean y que se ven directa o indirectamente involucradas, no practican la EMPATÍA. La gente no valora los compromisos, te dicen “te prometo que esto será así” con cara muy seria y al cabo de algunos meses lo incumplen y la vida sigue, y no ha pasado nada. Un ejemplo claro de esto lo vemos en la clase política de este país, la cual ha alcanzado cuotas altísima de impopularidad, por esto mismo que estoy diciendo. Tengamos un poco de responsabilidad y pensemos en las consecuencias. En clase si le dices a alguien que se calle porque está molestando te mira y te dice “vale” y ¡sigue hablando!

Esto es en parte por el individualismo imperante en la sociedad. A veces nos olvidamos de que vivimos en sociedad y que esa sociedad está formada por PERSONAS de carne y hueso. Las noticias nos insensibilizan ante cada bomba en Irak o cada asesinato, cada guerra lejana o cada víctima del cólera en Haiti. No estoy hablando de ayudar a los demás, de que saques tu lado “Teresa de Calcuta” y ayudes a cruzar a los ciegos por la calle. Estoy hablando de la forma de actuar en el día a día, del compromiso ético de las personas.

Por eso hay que educar en sentimientos, preocuparse de los demás y construir lazos sólidos con las personas que conoces. Lo contrario genera desconfianza e inseguridad, genera conflicto y crispación.  

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