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| "Hay víctimas y aprovechados. Es el sino de cada cual y no tiene remedio" |
He visto un par de películas de Billy Wilder y la verdad es que me estoy aficionando a este pedazo de director. Una de sus mejores obras es “El apartamento” que se estrenó en 1960.
La película se puede interpretar desde dos primas diferentes: por un lado es una crítica a la sociedad burocratizada y cada vez más compleja que estaba en plena ebullición en la época en que se hizo la película. Esa oficina tan representativa en la que no se ve donde acaba a causa de los millones de escritorios donde miles de personas sin cara y sin nombre trabajan, trabajan y trabajan solo para producir más. El sistema de producción en masa ideado por Taylor se traslada a la oficinas y se contabiliza el rendimiento y la eficacia de cada trabajador, en fin, se introduce la racionalización y la separación de funciones de planificación y dirección de las de ejecución, perfectamente reflejado en la película a través de una estructura jerárquica organizativa separada físicamente en pisos y por una cultura organizativa bastante fuerte.
Primera crítica. Pero más que en los cambios el director se enfoca sobre todo en las relaciones humanas, o mejor dicho, en la forma en las que éstas pueden desembocar en una sociedad en la que el estrés, la preocupación por el trabajo y la individualización cobran total protagonismo. La conciencia colectiva común, el arraigo al grupo, la cohesión social se diluye y la mentalidad individualista hace su aparición. El individuo busca su propia felicidad y se da cuenta de que puede dominar su propia vida y su conciencia colectiva va debilitándose. La crítica a la deshumanización de las personas en esta película pone de manifiesto y nos hace ver que la sociedad ha tomado un rumbo que quizá se tendría que replantear o que si ese es el camino que se va a tomar, existen defectos y debilidades, deformaciones de las relaciones sociales, del colectivo, que pueden desembocar y de hecho ya ha ocurrido en acontecimientos tan terribles como el Holocausto.
Pero la película no es ni mucho menos un drama de cine negro o de pura denuncia social. También muestra sus rayitos de esperanza, de humanidad, que disuaden de la desesperación y la ansiedad que en algunos momentos puede sentir el espectador al verla. La balanza se vuelca desde un principio a favor del personaje C.C. Buxter (Jack Lemmon), objeto de presión y personaje que vive continuamente entre la espada y la pared, poniéndolo a prueba y apretándole las clavijas para ver hasta dónde está dispuesto a llegar para tener un buen puesto de trabajo. Buxter está continuamente prostituyéndose a sus jefes que lo utilizan a su antojo, dando sin recibir nada a cambio, sin que se le valore todo el esfuerzo que realiza y aún así es una persona que siempre tiene una sonrisa en la cara, que es capaz de ver el lado bueno de las personas y que siempre está dispuesto a ayudar y a sacrificarse por los demás. Es todo lo contrario de lo que he dicho en el párrafo anterior; es el contrapunto de toda la película y lleva casi todo el peso de la película él, ayudado en parte por la dulce Fran Kubelik (Shirley MacLaine), que personalmente es uno de los personajes que más me ha gustado de todas las películas que he visto. Quizá sea por esa cara de niña y ese romanticismo que invade todas y cada una de las frases que dice, de sus andares a paso rápido y seguro o la forma de quitarse los guantes que tiene, pero lo cierto es que me he sentido muy identificada con ella en toda la película.
Los guiones están llenos de geniales conversaciones, de un humor puro, simple y a la vez genuino que provoca un equilibrio perfecto en el guión y en las relaciones entre los personajes.
La película es una crítica llena de humanismo, de un afán por recuperar la calidez de lo humano y una crítica a la emergente individualización y burocratización, al hombre-masa. Es una película agridulce, pero sobre todo dulce. Termino con la conversación final que me ha parecido “de película” (nunca mejor dicho):
- "¿Me oye señorita Kubelik? Estoy locamente enamorado de usted."
- "No digas más y juegue".


1 pensamientos de otras cabezas:
Pues no se cuantas veces he podido ver El apartamento y siempre me fascina. Billy Wilder tiene muchas obras maestras... Perdición, El crespúsculo de los dioses, Traidor en el infierno, Irma la dulce.... Sabrina también me encantó. Hay una escena en la que los protagonistas mantienen una conversación mientras bailan que me dejó mudo... Vamos, que Billy Wilder es un genio, eso pienso yo. :)
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