martes, 3 de agosto de 2010

Panorama estival


El otro día estuve leyendo un artículo en la revista dominical de El País con el que me sentí muy identificada. Se trataba de un artículo muy veraniego de Maruja Torres titulado “Mens sana in córpore susana”. Trataba de los cuerpos que una se puede detener a mirar en la playa, la panorámica más común en esta época de verano. El físico, lo más tangible, lo más visible de las personas se destapa durante unos meses y nos exponemos a los demás y al mundo entero: a la playa, a la arena, al mar y su brisa, a las gaviotas y a sol que nos achicharra. Estoy de acuerdo con ella en el sentido de que el cuerpo no es solo cuerpo, no es solo lo que se ve, no es solo gordura o delgadez, curvas o pelos.

 En esta época resulta especialmente dulce y relajante sentarte en la playa, a ser posible en un momento y en un día en el que la playa no se colapse de gente, mirar al mar, ver cómo está hoy de ánimo, si os podéis comunicar bien, acariciar por un momento la arena, pasar tus dedos sobre los minúsculos granitos que rodean tu toalla, y mirarte los pies completamente liberados de sandalias y zapatos que lo único que saben hacer en estos días de calor es provocarte rozaduras y ampollas y quitarte toda la ropa sobrante hasta quedarte en bikini y tumbarte, cerrar los ojos y aspirar…. Sentir que tu cuerpo está contigo y que no hay nadie más. Pasarte un poco la mano sobre la barriguita, ese pequeño movimiento que produce a veces tanto placer y olvidarte del mundo y de todos, de que estás sol@ y que nadie puede invadir tu mundo ahora, solo puede entrar el murmullo de las olas que rompen en la orilla con la vagueza típica de esos días. Y ahí es cuando comienzas a quererte un poquito más. 



2 pensamientos de otras cabezas:

Anónimo dijo...

Has pegado un enorme empujón al blog, se ve que le has metido trabajo, me gusta mucho como te ha quedado, sigue escribiendo, sigue viviendo.

Nun dijo...

Gracias.