miércoles, 4 de agosto de 2010

El apartamento

"Hay víctimas y aprovechados. Es el sino de cada cual y no tiene remedio"


He visto un par de películas de Billy Wilder y la verdad es que me estoy aficionando a este pedazo de director. Una de sus mejores obras es “El apartamento” que se estrenó en 1960.

La película se puede interpretar desde dos primas diferentes: por un lado es una crítica a la sociedad burocratizada y cada vez más compleja que estaba en plena ebullición en la época en que se hizo la película. Esa oficina tan representativa en la que no se ve donde acaba a causa de los millones de escritorios donde miles de personas sin cara y sin nombre trabajan, trabajan y trabajan solo para producir más. El sistema de producción en masa ideado por Taylor se traslada a la oficinas y se contabiliza el rendimiento y la eficacia de cada trabajador, en fin, se introduce la racionalización y la separación de funciones de planificación y dirección de las de ejecución, perfectamente reflejado en la película a través de una estructura jerárquica organizativa separada físicamente en pisos y por una cultura organizativa bastante fuerte.

Primera crítica. Pero más que en los cambios  el director se enfoca sobre todo en las relaciones humanas, o mejor dicho, en la forma en las que éstas pueden desembocar en una sociedad en la que el estrés, la preocupación por el trabajo y la individualización cobran total protagonismo. La conciencia colectiva común, el arraigo al grupo, la cohesión social se diluye y la mentalidad individualista hace su aparición. El individuo busca su propia felicidad y se da cuenta de que puede dominar su propia vida y su conciencia colectiva va debilitándose. La crítica a la deshumanización de las personas en esta película pone de manifiesto y nos hace ver que la sociedad ha tomado un rumbo que quizá se tendría que replantear o que si ese es el camino que se va a tomar, existen defectos y debilidades, deformaciones de las relaciones sociales, del colectivo, que pueden desembocar y de hecho ya ha ocurrido en acontecimientos tan terribles como el Holocausto.

Pero la película no es ni mucho menos un drama de cine negro o de pura denuncia social. También muestra sus rayitos de esperanza, de humanidad, que disuaden de la desesperación y la ansiedad que en algunos momentos puede sentir el espectador al verla. La balanza se vuelca desde un principio a favor del personaje  C.C. Buxter (Jack Lemmon), objeto de presión y personaje que vive continuamente entre la espada y la pared, poniéndolo a prueba y apretándole las clavijas para ver hasta dónde está dispuesto a llegar para tener un buen puesto de trabajo. Buxter está continuamente prostituyéndose a sus jefes que lo utilizan a su antojo, dando sin recibir nada a cambio, sin que se le valore todo el esfuerzo que realiza y aún así es una persona que siempre tiene una sonrisa en la cara, que es capaz de ver el lado bueno de las personas y que siempre está dispuesto a ayudar y a sacrificarse por los demás. Es todo lo contrario de lo que he dicho en el párrafo anterior; es el contrapunto de toda la película y lleva casi todo el peso de la película él, ayudado en parte por  la dulce Fran Kubelik (Shirley MacLaine), que personalmente es uno de los personajes que más me ha gustado de todas las películas que he visto. Quizá sea por esa cara de niña y ese romanticismo que invade todas y cada una de las frases que dice, de sus andares a paso rápido y seguro o la forma de quitarse los guantes que tiene, pero lo cierto es que me he sentido muy identificada con ella en toda la película.

Los guiones están llenos de geniales conversaciones, de un humor puro, simple y a la vez genuino que provoca un equilibrio perfecto en el guión y en las relaciones entre los personajes.

La película es una crítica llena de humanismo, de un afán por recuperar la calidez de lo humano y una crítica a la emergente individualización y burocratización, al hombre-masa. Es una película agridulce, pero sobre todo dulce. Termino con la conversación final que me ha parecido “de película” (nunca mejor dicho):

-          "¿Me oye señorita Kubelik? Estoy locamente enamorado de usted."
-          "No digas más y juegue". 

martes, 3 de agosto de 2010

Panorama estival


El otro día estuve leyendo un artículo en la revista dominical de El País con el que me sentí muy identificada. Se trataba de un artículo muy veraniego de Maruja Torres titulado “Mens sana in córpore susana”. Trataba de los cuerpos que una se puede detener a mirar en la playa, la panorámica más común en esta época de verano. El físico, lo más tangible, lo más visible de las personas se destapa durante unos meses y nos exponemos a los demás y al mundo entero: a la playa, a la arena, al mar y su brisa, a las gaviotas y a sol que nos achicharra. Estoy de acuerdo con ella en el sentido de que el cuerpo no es solo cuerpo, no es solo lo que se ve, no es solo gordura o delgadez, curvas o pelos.

 En esta época resulta especialmente dulce y relajante sentarte en la playa, a ser posible en un momento y en un día en el que la playa no se colapse de gente, mirar al mar, ver cómo está hoy de ánimo, si os podéis comunicar bien, acariciar por un momento la arena, pasar tus dedos sobre los minúsculos granitos que rodean tu toalla, y mirarte los pies completamente liberados de sandalias y zapatos que lo único que saben hacer en estos días de calor es provocarte rozaduras y ampollas y quitarte toda la ropa sobrante hasta quedarte en bikini y tumbarte, cerrar los ojos y aspirar…. Sentir que tu cuerpo está contigo y que no hay nadie más. Pasarte un poco la mano sobre la barriguita, ese pequeño movimiento que produce a veces tanto placer y olvidarte del mundo y de todos, de que estás sol@ y que nadie puede invadir tu mundo ahora, solo puede entrar el murmullo de las olas que rompen en la orilla con la vagueza típica de esos días. Y ahí es cuando comienzas a quererte un poquito más. 



jueves, 8 de julio de 2010

The Catcher in the Rye


El último libro que me acabo de leer se titula “El guardián entre el centeno”. Supongo que alguna vez habréis escuchado hablar sobre él. Es una obra muy famosa del escritor Jerome David Salinger.

Antes de empezar haré una aclaración: si tienes pensado leerte el libro, no continúes leyendo esta entrada porque voy a hablar sobre él y sobre su argumento. Hay gente que no le gusta nada que se le hable ni chispa sobre un libro o una película porque dice que “se la arruinas” o cosas así; a mí siempre me ha gustado oír lo que dice la gente sobre las películas o libros aunque me cuenten el final porque siempre me quedo con la intriga de cómo lo harán en la trama para que toda la historia desemboque en ese punto.  Además, uno siempre ve películas o lee libros y los interpreta irremediablemente de forma subjetiva y por eso puedes ver si la persona que te habló bien o mal de la peli o el libro en cuestión la ha entendido como tú.

El libro trata de un chico en plena juventud, Holden Caulfield, que acaba de ser expulsado de un colegio privado donde se aburría como una ostra y piensa que todo el mundo es terriblemente falso. A la vez que explica todo lo que le ocurre a raíz de este suceso, expone su forma de entender el mundo en plena efervescencia juvenil. El chico en cuestión es un mentiroso, holgazán y está todo el día criticando a todo el que pasa por delante de él. Nunca está a gusto con nada y nadie merece la pena. Incluso su hermana pequeña, una chica observadora y muy inteligente, se lo llega a soltar en la cara y le pregunta si hay algo que realmente le guste hacer o alguien que le caiga bien. Demuestra rebeldía en cada uno de sus pensamientos, típica de la juventud y de los años en los que uno empieza a descubrir el mundo y a entenderlo todo. Pensamientos típicos como  “soy diferente y nadie me entiende” o  “me siento terriblemente solo”, impregnan toda la novela.

Otro rasgo que me ha llamado mucho la atención es que no habla para nada  de su futuro, no sé exactamente si es porque el escritor no quiso entrar en detalles sobre su futuro o porque realmente lo hizo a posta para hacer ver que a Holden le importaba un pimiento. Lo cierto es que es una forma de ver la vida muy característica de la juventud, el no pensar en el futuro, el vivir el ahora y sin pensar demasiado en las consecuencias. Yo misma pienso muchas veces así, y me agobio fácilmente pensando en las responsabilidades que tendré en el futuro, por ejemplo con tener un baby y con tener que pagar todos los meses letras de coches y de casas y de todo.

El libro está escrito de forma clara y amena, la lectura se hace bastante ágil y te llega a enganchar mucho la forma de contártelo todo con un lenguaje dejado y lleno de palabrotas y expresiones de chico adolescente que llenan todo el relato. Esa es una de las cosas que más me gusta del libro. No las palabrotas, sino la capacidad del escritor por adaptar esa mentalidad y poder captar toda la esencia de los adolescentes para lograr recrear perfectamente el mundo de ese chico. Siempre me ha encantado la gente que, teniendo un conocimiento muy extenso sobre un área o siendo expertos en alguna materia, logran bajar hasta un nivel “inferior” y explicártelo todo de forma simple y que logres entenderlo. Me parece increíble o como diría el prota “me deja sin palabras”.

Por contrapartida, se muestra igualmente su dulzura y su punto blandito. Me gusta cuando habla de las chicas porque casi todas las que conoce le caen bien o son buenas, pocas veces dice algo despectivo contra alguna y cuando lo dice, lo dice con toda la razón.

Y mientras escribo esta entrada, y con la misma rebeldía que el protagonista de este libro, me estoy cagando en la mierda de las vuvuzelas esas – mi madre las llama “buganvillas”, no sé exactamente de dónde ha sacado eso-, esperando que por fin el mundial pase. 

Por cierto, la ilustración es de Walther Sorg

viernes, 2 de julio de 2010

Venus es tu vecina





Una de las últimas series de anime que estoy siguiendo con más ganas es Arakawa Under The Bridge. Pertenece al género shojo – género por donde más me suelo mover-, no tiene un argumento muy enrevesado y, a decir verdad, es bastante simple y algo absurdo aunque toda la serie en sí es absurda. El protagonista, Ichinomiya Kou,  es el típico joven japonés de familia adinerada que ha heredado el control de las empresas de su multimillonario padre y que goza de un éxito tremendo en el mundo de los negocios. Una de las causas de haber llegado tan alto es el intenso y duro adoctrinamiento que desde pequeño le enseñaron en su familia, regida durante generaciones por una máxima inquebrantable por ningún miembro: no pueden deber nada a nadie, ni dinero ni favores ni nada. Pero un día, el joven Kou por circunstancias de la vida se ve en medio de un gran puente sin pantalones y hablando con una extraña chica que está pescando y que afirma ser de Venus. Al intentar recuperar sus pantalones, cae precipitadamente por el puente y comienza a hundirse en el río. La extraña chica le rescata y ahí es donde comienza la historia de verdad, ya que Kou está en deuda de por vida con esa chica al salvarle ella de una muerte inevitable. Kou está dispuesto a hacer lo que sea con tal de que no quede en deuda con la misteriosa chica, Nino. A ella le moló el chico desde la primera vez que lo vio y decide que sea su novio. Esto hace que ya no puedan estar el uno sin el otro, y aunque en un principio les una este lazo de favor-por-favor, poco a poco se irán enamorando de verdad.

Kou se traslada a vivir debajo del puente donde existe una micro-sociedad de seres al cual más extravagante que el anterior. Un kappa lidera el grupo y es el que pone los nombres a los habitantes y decide las reglas principales. Poco a poco, Kou o como le comienzan a llamar en el rio “recluta” pero que casi siempre lo recortan y se queda en Ric, se va dando cuenta de que está en medio de un lugar donde todo está patas arriba y donde la gente no utiliza para nada su sentido común. Lo único que impera en medio de este caos es el sentido de comunidad y el sentido de amistad y de unión frente a todo aquel que quieran disolver este equilibrado mundo de locos. 

Kou es el típico personaje que equilibra el anime con su parte de sentido común, de organización y establecimiento del orden, un orden que él cree correcto pero que en realidad no encaja para nada en este universo de locos. Nino es una chica que se presenta misteriosa a la vez que abierta y amigable, bastante decidida y con las cosas claras. Es el personaje que mejor me cae porque aunque esté loca y coma peces vivos de un bocado, al final acabas reconociendo que tiene bastante sentido común. Es delgada y con una larga cabellera rubia, y una cosa que me hace mucha gracia es que cuando algo le llama la atención, un mechón de su pelo se pone de punta señalando hacia un sitio. Es como una cola de perrito cuando curiosea algo.

Los personajes que siempre están en primer plano protagonizando las historias junto con Ric y Nino son Estrella –un aspirante a cantante con cabeza en forma de estrella-, Hermana –un ex merecenario de guerra ultra violento inglés que se metió a monja-,  Estela –rescatada de un orfanato inglés por Hermana y con un desdoblamiento brutal de personalidad-, María –la seductora granjera del pueblo-, P-Ko  -posee el huerto con las frutas mas cuidadas y mimadas de toda la ribera, su amor por las hortalizas le hace incluso cortarse y pintarse el pelo como un tomate-, los Hermanos Hierro –dos gemelos que por sus poderes sobrenaturales se tapan la cabeza con unos extraños cascos de hierro para no ser localizados y llevados a un laboratorio-  y Shiro –su único objetivo en la vida es seguir la línea blanca que el mismo va pintando en el suelo-. 

La estética de los personajes es bastante fresca y actual aunque no demasiado original o fuera de lo común, siguiendo la línea de los Shojo de nueva generación. Toda la serie está bañada del humor absurdo japonés manga que en mi opinión, hay veces que no lo llego a entender bien, pero que por alguna razón, me engancha y me pica para que termine de ver que es lo que sucede. La serie te hace ver que si aparentemente pueden llegar a ser de otro planeta y a hacer cosas absurdas, en el fondo no son tan distintos de nosotros o de lo que nosotros consideramos como normal. Para mí no tiene nada de especial, simplemente me ha enganchado por los personajes tan extraños y a la vez tan divertidos que tiene. Y aunque pertenezca a Shojo, las relaciones amorosas y empalagosas no se manifiestan constantemente en el anime, de hecho la única pareja romántica de la serie son los protas, Ric y Nino.

En la actualidad se emite en la televisión de Japón y ya ha sido anunciada hace poco la segunda temporada de la serie allí. Ojalá pudiera ver capítulos nuevos todos los días, me resulta muy entretenida y simpática y espero con impaciencia la segunda temporada. 

martes, 29 de junio de 2010

Opium Popule

El país se está cayendo a trozos, pero a la gente parece que no le importa. ¿El Mundial es de lo único de lo que se puede hablar ahora? Pues yo lo apunto en mi lista de “cosas que me importan una mierda” que cada vez va siendo mayor, y deseo que pierda España. Madre mía, es sólo un maldito juego y que no me vengan ahora con gilipolleces del estilo “está en juego nuestra dignidad”. ¿Dignidad? ¿Pensáis que España tiene una dignidad que hay que salvar? Señores por favor que estamos al borde de la bancarrota, que la clase política es una porquería, que España es uno de los principales países que venden armamento de guerra… y muchísimas más cosas de las que no me entero porque hace tiempo que desconecté bastante de los periódicos y de los telediarios (de la televisión en general) porque me da vergüenza la cantidad de noticias penosas y catastróficas que salen en los medios.

Me da vergüenza la degradación a la que se está llegando en esta sociedad, que por salir a la calle con el coche me tiran piedras simplemente porque “no festejo adecuadamente y con el resto de la gente que está cortándome el paso el maldito triunfo de la selección de este país”. La España más profunda tienen su ocasión de oro para manifestarse en estos festejos de “circo y pan”, simple opio para el pueblo. Mucho criticar pero la gente solo se tira a la calle para este tipo de cosas porque claro es mucho más fácil criticar lo que otros no hacen bien y en lo que la caga ZP que pensar un poco y reflexionar sobre lo que tenemos delante de nuestras narices.

Y tengo que aguantar que hoy, hasta por lo menos las 3 de la mañana no deje de escuchar las trompetas ensordecedoras (que deberían prohibirse) y pitidos de coches sólo por esta tontería. Se pierde el respeto a pasos agigantados.

Voy diciendo por ahí que de verdad deseo que pierda España, y la gente me mira con los ojos como platos, y pensarán “esta mujer no está nada bien de la cabeza” pero es que me niego a ser otro borrego más siguiendo una cosa que no me va a beneficiar en absoluto. Algunas personas ingenuas dicen “es que le dan dinero a España”. Perdona, a los únicos que le dan dinero es a los jugadores de fútbol que se pudrirán aun más en sus casas mientras en África (sí, ese continente ahora más conocido por el mundo porque allí, no sé si lo sabéis, se celebra el Mundial) hay niños y gente pudriéndose pero de hambre y sed, esperando a que vengan los buitres a comérselos.

A veces esta vida es una mierda bastante grande.

domingo, 27 de junio de 2010

Gran Neruda


Puedo escribir los versos más tristes esta noche.

Escribir, por ejemplo: "La noche está estrellada,
y tiritan, azules, los astros, a lo lejos."

El viento de la noche gira en el cielo y canta.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Yo la quise, y a veces ella también me quiso.

En las noches como esta la tuve entre mis brazos.
La besé tantas veces bajo el cielo infinito.

Ella me quiso, a veces yo también la quería.
Cómo no haber amado sus grandes ojos fijos.

Puedo escribir los versos más tristes esta noche.
Pensar que no la tengo. Sentir que la he perdido.

Oir la noche inmensa, más inmensa sin ella.
Y el verso cae al alma como al pasto el rocío.

Qué importa que mi amor no pudiera guardarla.
La noche esta estrellada y ella no está conmigo.

Eso es todo. A lo lejos alguien canta. A lo lejos.
Mi alma no se contenta con haberla perdido.

Como para acercarla mi mirada la busca.
Mi corazón la busca, y ella no está conmigo.

La misma noche que hace blanquear los mismos árboles.
Nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Ya no la quiero, es cierto, pero cuánto la quise.
Mi voz buscaba el viento para tocar su oído.

De otro. Será de otro. Como antes de mis besos.
Su voz, su cuerpo claro. Sus ojos infinitos.

Ya no la quiero, es cierto, pero tal vez la quiero.
Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido.

Porque en noches como esta la tuve entre mis brazos,
mi alma no se contenta con haberla perdido.

Aunque este sea el ultimo dolor que ella me causa,
y estos sean los ultimos versos que yo le escribo.

sábado, 12 de junio de 2010

Debilidades